SaaS son tres letras que hoy se usan para cualquier cosa, pero el concepto es simple: software que se entrega como servicio en la nube, donde el cliente paga una suscripción y nosotros nos ocupamos de hosting, mantenimiento y mejoras continuas.
Cuándo un SaaS sí tiene sentido
Si tienes un proceso operativo recurrente que viven distintos equipos o sucursales (control de fidelidad, expedientes médicos, nómina, membresías), un SaaS te permite estandarizar la operación, escalar sin reinventar la rueda y cobrar de forma predecible.
Cuándo NO
Si es un proyecto interno que solo van a usar 3 personas de tu empresa, posiblemente no necesitas SaaS — necesitas un sistema a la medida puntual. SaaS implica multi-tenant, planes, facturación recurrente y un equipo de soporte. Es overhead que solo paga la pena si vas a vender el producto a varios clientes.
La pregunta clave
Antes de empezar, respóndete: "¿quién paga la suscripción y por qué seguiría pagándola dentro de un año?". Si no tienes respuesta clara, lo que necesitas es validar el problema, no construir un SaaS.

